Fuego y palabras
Mentimos
Lamento del hijo pródigo de una generación
Un beso
La calle de las ganas de llorar
Y cada vez que paso por esta calle, la luna se queda un pedazo de mi inocencia, y voy dejando de creer en las mágicas historias que pensé que iban a llegar, y voy creciendo a la vez que encogiendo hacia un destino sin color, sin ilusión, sin todas las cosas que tuve antes del final.
Oda a la angustia
La isla de Azur
En medio de un tranquilo lago estaba la circular isla de Azur, con no más de quince pasos de ancho y otros tantos de largo. En ella, bajo la sombra de un gran árbol en flor, Azur descansaba sentado con los ojos cerrados. La paz inundaba todo su cuerpo, las flores del árbol acariciaban su piel. La suave brisa viajaba por sus brazos, por sus piernas y sus pies.
¿Qué es la felicidad? No importaba. Azur jamás pensaba en ella, tan solo descansaba sentado con los ojos cerrados mientras la isla yacía a su alrededor. Los sonidos se fundían en un arrullo reconfortante que parecía susurrar su nombre. Notaba la luz en forma de calor en su cuerpo, pero no la veía, pues tenía los ojos cerrados. No precisaba de verla, él era la luz.
Ningún mal sentimiento, ningún pensamiento perturbador. Azur había conseguido ser uno con el mundo y no necesitaba de la lógica y la disertación. No requería de deseos, ni de sueños ni de explicaciones. Azur era simplemente, era tan solo por el hecho de ser, y esa era toda la realidad que necesitaba para completar su existencia.
Un día Azur, sin venir a cuento, sin que aquel día tuviera nada de distinto a los demás, ni ningún detalle que lo hiciera especial, un día abrió los ojos. En ese momento pudo ver la luz, pudo ver las flores del árbol y pudo ver la isla y el lago delante de él. Ese día, en ese mismo momento, en el momento en el que abrió los ojos, Azur se preguntó “¿Qué habrá más allá del lago?”. Y en ese momento, la isla de Azur le empezó a parecer el lugar más pequeño, oscuro y horrible de la Tierra, y desde entonces, no se ha conocido ser humano más desgaciado y miserable que él.
Elemental IV - Fuego
Calla viento mientras mueroy me abraso en este fuego
mientras nado en el infierno,
mientras bebo de sus dedos.
No lo apagues, dale celo,
dale tregua a mi deseo,
pues el fuego al que me entrego,
quema dulce hasta que muero.
Manda la hoguera hasta el cielo,
en esta pasión que tengo,
a ver si me arrastra el fuego,
y si ardo hasta que me quemo.
Dale más fuego al momento,
vuelve candente su cuerpo,
quiero locura y exceso,
dale más fuego a este fuego
Azufre abrasante quiero,
quiero llamas y destellos
dame calor, desenfreno,
fuego dulce, dulce fuego.
Elemental III - Tierra
La tierra agarra mi cuerpo,son mis raíces mi fuerza,
mis pasos la historia eterna,
mi tierra que nunca suelto
Poder de tiempo y recuerdos,
salvaje energía inquieta,
va del centro de la Tierra
hasta la punta de mis dedos.
Mi tierra, su tacto espeso,
cubre la muerte de hiedra,
reclama lo que desea,
sed de calor y de hielo.
No dejes secar el cieno,
mortal, sujeta tu tierra,
es la que callada entrega
lo que te mantiene entero.
Tiene lo falso y lo cierto,
guarda la vida de cerca.
Es mi cultura, mi tierra,
la tierra que nunca suelto.
Elemental II - Aire
Sujeta el aire si puedescrees que no tengo valor,
pero si el aire no cede,
mucho menos lo haré yo.
Crees que posees el presente,
crees que en tu voz vive Dios,
el aire que se te ofrece
lo tienes tu y lo tengo yo.
Callar mis labios pretendes,
no basta con el dolor,
tengo fuerzas que me sobran,
si es que hay aire y sale el sol.
Guarda tu aire y a tu gente.
porque el poder es traidor
hoy sólo es uno en el frente,
mañana seremos dos.
Sujeta el aire si puedes,
Frena mi canto, mi voz,
Inténtalo si te atreves,
Soy del aire, no de vos.
Elemental I - Agua
Canta el cielo, la vida llueve,el viento fresco la desmiga,
sepulcro al agua porque se muere,
Nunca la muerte fue tan viva.
Eres el curso interminable,
eres salud y las heridas,
con tu alma y cuerpo inexplicables,
matas y regalas vida.
Veo entre las rocas la fuente,
que llora porque agua le quitan,
veo el agua que es tan valiente
cuando irrumpe en el aire y grita
Y veo, escucho, toco, siento,
vida en agua, agua en la vida,
mismo lugar, mismo momento,
y siempre es un agua distinta.
Yo que nací entre sus brazos,
observo el agua que salpica,
en frágiles gotas bailando,
en trozos de lluvia partida.
Mojando el suelo que se la bebe,
el mismo que le da la vida,
cada vez que la vida llueve,
el agua muere y resucita.